Carta a mi hija

Hola preciosa,

Perdona lo de preciosa antes que nada, pero así te siento más a mi lado. Me gustaría contarte algo en lo que he estado trabajando los últimos años, por lo menos unos veinte, y que ahora creo que tengo un poco más claro. La conozco como autodeterminación.

Suena raro ¿No?, a mí también me lo pareció, inclusive me parece que el término es confuso, algo así como “si lo elijo sucede”, y no, no funciona así. La primera vez que lo escuché fue hace unos veinticuatro años guiado por Mony y Rurru. Pasaron unos cuatro años para que empezara a trabajar realmente con este concepto, me resistía especialmente cuando se hablaba de él como si fuera 100% un hecho y no como una posibilidad.

La mejor forma que he encontrado para explicarlo es diciendo que si en el mundo, todo el mundo, determináramos en un 100% nuestra vida, no habría víctimas. Que cada uno de nosotros elegimos nuestra vida y que siempre lo hemos hecho, a veces de forma consciente y muchas de forma inconsciente. Que soy el resultado de mis elecciones, que no tengo la culpa de lo que me pasa, pero que definitivamente tengo que ver con lo que me pasa (o por lo menos eso espero, ya que de otro modo no tendría ninguna opción de mejora), que no hay un destino escrito en un gran libro (ni en uno pequeño); que puedo ser lo que quiera ser y no tengo que ser todo lo que puedo ser. Lo que también es cierto es que no puedo elegir por los demás, que no puedo hacer que ellos elijan lo que yo creo que deben elegir (cosa que a veces me duele mucho). Lo que sí puedo es hacer una invitación para que elijan lo que me gustaría que eligieran. De hecho, esta carta es eso, una invitación a que tú elijas conscientemente tu vida.

Hace unos días, en una conferencia escuché a Carlos Carsorlio, el mejor alpinista mexicano de la historia (hoy retirado), un hombre de fuerte personalidad, pero con ojos tranquilos y que, por la forma en la que hizo su presentación, me imagino que es muy necio (perseverante). En esa conferencia dijo algo que, además de poderoso, me pareció muy cierto: “Si asumes la postura de víctima es muy probable que no sobrevivas”Carlos se refería a la muerte en sentido literal, que cuando había un accidente en la montaña y el accidentado decía cosas como “pobre de mí” o culpaba a alguien más, él sabía en ese instante que muy probablemente su compañero no sobreviviría; pero que si lo que decía eran cosas como ¿Cuál es la mejor ruta para regresar ahora que me lastimé?, se hacía cargo de las decisiones que había tomado y buscaba soluciones en lugar de quejas, esa persona era muy probable que lograra sobrevivir. Lo que dijo después me impactó aún más: “En la montaña la muerte viene muy rápido, pero en la vida cotidiana, las personas que se asumen como “víctimas” tienen una agonía mucho más lenta.” y también dijo: “La montaña más alta está dentro de ti.”

Yo no estoy seguro de que todo lo que me pasa lo haya elegido (seguramente algunos de mis compañeros o colegas ahora estarán gritando “blasfemia”), pero la verdad no creo que saber a ciencia cierta si yo elijo o en realidad tengo la ilusión de que elijo, sea realmente importante. Lo importante es qué es lo que hago si creo que tengo que ver con lo que me pasas, que no soy un pasajero de mi vida, que estoy en el asiento del conductor.

“Si asumes la postura de víctima es muy probable que no sobrevivas”

A esto me refiero cuando te pido que tomes tu vida en tus manos; que una baja calificación, por ejemplo, no es producto de las injusticias de tus maestros sino de las elecciones que has hecho. Quizá estés pensando ahora: ¿Entonces ahora resulta que yo tengo la culpa de lo que me pasa? De ninguna manera, nada más alejado de la realidad. La culpa congela y sirve para manipular a los demás, los políticos y líderes religiosos lo saben. La culpa es casi tan poderosa como el miedo porque se parecen mucho. Lo que si te deseo con todo mi corazón es que hayas tenido algo que ver con el resultado que obtuviste, ya que entonces podrás evitar que algo que no te guste vuelva a suceder. Si no tuviste nada que ver es muy probable que te vuelva a “pasar”, pero si sabes cuales fueron las elecciones que hiciste para estar donde estás, puedes moverte e irte a donde realmente quieres estar. ¿Qué si es sencillo me preguntas? No, pero es la mejor sensación que hay, sentir que eres dueña de ti, que estás viva.

Sin duda, como diría Ishmael “El maestro aparece cuando el alumno está listo”, yo estaba listo para escuchar a Carlos, espero que estas líneas aparezcan en el momento adecuado para ti.

Al principio comencé disculpándome y quiero cerrar también haciéndolo. Perdona la foto del principio, sé que ya no estás así, que has crecido, pero cuando sueño contigo así apareces, cosas de papás supongo. También perdona por publicar esta carta (sé que esto tal vez no le guste a tu madre, ni a ti; pero que le vamos a hacer, quizá ambas me eligieron siendo como soy), puede que sea exhibicionismo o quizá la publico con la sincera esperanza de que alguien también la lea, le haga sentido, le ayude y así tengamos un grano más de autodeterminación en esta playa que llamamos vida.

Te amo como nunca pensé que era posible amar. Gracias por aceptar mi invitación de ser mi hija.

Tu padre,

Ricardo.