Ante la sorpresa del criador regresé con el dinero a los pocos minutos. Lo vi más relajado, quizá resignado. Fue por el bonsái Oro Viejo del que habíamos hablado, lo tomó del cofre donde este estaba esperándome.

Al recibir el dinero me dio varias recomendaciones:

– Necesita sol, necesita aire, necesita agua, necesita mucho de todo esto, pero no demasiado.

– ¿Cuánto es demasiado? Pregunté.

Mucho. Me respondió rápida y cortantemente.

Upa, y hay lámparas que simulen el sol ¿Y dónde las consigo?

Si lo pones a la intemperie te llega solo. Los bonsáis a la intemperie se fortalecen. Me dijo.

 

Me dio su teléfono (el numero desde luego), me pidió que regresara con él cada dos meses para ver cómo estaba (no yo, el bonsái), me dio un manual para cuidarlo y entenderlo (al bonsái, no a él). No me dio la bendición porque quizá, al ver que regresaba, ya se la había dado al árbol.

En el manual venía el nombre del bonsái: Junípero Oro Viejo. Yo le digo Juni aunque creo que prefiere que lo llamen por su nombre completo “El GRAN Juni”. Así nació nuestra amistad.

 

Aprendizaje: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi pensamiento”. Ludwig Wittgenstein.

Cuando puedo nombrar las cosas “mágicamente” adquiero una relación mucho más personal, los animales, las plantas, las personas, las características, los comportamientos, los sentimientos o las cosas, son más fáciles de entender. Por ejemplo cuando yo era niño me “molestaban”, mis padres decían que tenía que defenderme. Ahora entiendo que me “buleaban”, que necesitaba algo más que un “ve y pegales tú”; también ahora entiendo que después me convertí en “bully”.

Los inuit tienen 23 formas diferentes de referirse al hielo, claro si mi vida dependiera de que tan duro, transparente, suave, (etcétera) fuera el hielo, yo también me habría especializado en el tema.

Betzabé, es nombre que en español se le dio a “Black Beauty”, el auto del Avispón Verde. Esto le daba una personalidad y vida que sin su nombre habría sido simplemente un Chrysler Crown Imperial de 1966 modificado. Por ejemplo, el batimóvil es genial, pero no tiene una personalidad propia, le falta un nombre.

 B. B. King nombró a su primer guitarra (y todas las siguientes) Lucille, en recuerdo de una mujer que murió en un incendio que sucedió en uno de los primeros conciertos de King; quizá de ahí su relación tan potente con el instrumento.

 

Episodio 3: En la intemperie un bonsái se fortalece