Antes de empezar este relato déjenme darles dos actualizaciones:

  1. Fui a ver qué me recomendaba la señorita del la tlapalería (de esas grandes), para acabar con el gusano que se asomaba en la tierra y con las pequeñas moscas en las ramas, todo esto con la esperanza de encontrar la siguiente enseñanza de El GRAN Juni. Llegué la señorita no estaba (como tengo buena autoestima no pensé que me vio y que se escondió para no enfrentarse al asesino de ardillas). Me acerqué al anaquel de los productos de jardín, vi las opciones que tenía y compre un “curatodo” para los hongos (se empezaron a ennegrecer algunas hojas) y un matabichos. Los pagué y salí de la tienda sin un aprendizaje más allá de saber cuanto cuestan esos productos, cómo se aplican (leí la etiqueta claro) y una sensación de desilusión. Quizá, pensándolo bien, el aprendizaje es que la vida no es tan mágica y especial como a veces creemos, a veces la vida es un camino para llegar a otro lado y no un destino en sí misma.
  2. Para aminorar la carga (económica claro, la otra tardará más años de los que quizá yo viva) de la familia Peralta Díaz, los amigos (y en verdad me enorgullezco de ser amigo de este grupo de personas generosas, organizadas, solidarias y poderosas) organizamos una rifa de una escultura donada por un donador anónimo. Vendimos todos los boletos, no sin mi asombro y agradecimiento de la generosidad y solidaridad de la que cientos de personas (literalmente cientos) fueron capaces. El ser humano parece que es mejor de lo que muchos nos habían dicho.

Ahora sí, iniciamos este capítulo que tiene dos versiones.

¿Cuál te gustó más? Seguramente la primera. El pensamiento mágico es encantador pero también muy peligroso. Poco antes de que muriera mi madre (y mira que la adoro) tuvimos una “discusión” ya que me decía que “gracias a los imanes” mi tío se había curado de un cáncer. Yo le preguntaba que cómo sabía que era eso y no las medicinas, las quimioterapias y la operación donde le extirparon el tumor. Ella me explicaba con paciencia de Santo Job, – Lo que hace los imanes es cambiar el PH de la zona donde los aplican y que eso lo resentía el tumor y moría. Además las medicinas son muy perjudiciales, te arreglan una cosa y te descomponen tres. – ¿Lo que me dices es que saben más de cáncer los de los imanes que los doctores? – (Aventándome al Santo Job) PUES SÍ. (Su siguiente argumento, el más poderoso, fue devastador) Además ¿A quién le hace daño? El pensamiento mágico hace mucho daño, he visto como matrimonios se han acabado porque uno de los dos encontró su “alma gemela” que estaba destinada en las cartas y que tenía todos las señales de que esa persona era la indicada. He visto personas que abandonan su tratamiento por seguir “caminos alternativos” y morir al poco tiempo. Pero quizá el “daño” más profundo sea la desaparición del pensamiento crítico. Un joven en bata llega nos dice que nos va a curar con unos imanes, pide $400 pesos y se los damos. Creer en estas charlatanerías no está muy alejado de creer que no llueve porque “los dioses” están enojados, que hay una plaga porque no hicimos un sacrificio humano a tiempo, que los pelirrojos nos dan buena suerte y que los albinos mala. El pensamiento crítico es el que más necesitamos en esta época, su ausencia nos puede llevar a terrenos muy peligrosos, por ejemplo: Llega un político y nos dice que va a regresar el empleo, que va a regresar antiguas glorias y corregir todos los males, con frases como “Voy a acabar con el conflicto en Chiapas en 15 minutos” o “En 2015 ya no habrá gasolinazos” el más reciente “Voy a acabar con la corrupción”. Lo más peligroso de la falta de sentido crítico es que creemos lo que nos digan. Si creemos en el poder curativo de “los imanes” por qué no creeremos en que alguien mejorará el mundo sin siquiera preguntar: “Disculpe señor, ¿Cómo piensa hacerlo?” Aprendizaje: La falta de pensamiento crítico nos deja en la posición más vulnerable y dependiente que hay. Ese es el gran riesgo.

Episodio 8: Hola, yo soy Juni