Antes de empezar este relato déjame darte dos actualizaciones:

  1. Fui a ver qué me recomendaba la señorita de la tlapalería (de esas grandes), para acabar con el gusano que se asomaba en la tierra y con las pequeñas moscas en las ramas, todo esto con la esperanza de encontrar la siguiente enseñanza de El GRAN Juni. Llegué y la señorita no estaba (como tengo buena autoestima no pensé que me vio y se escondió para no enfrentarse al asesino de ardillas). Me acerqué al anaquel de los productos de jardín, vi las opciones que tenía y compré un “curatodo” para los hongos (se habían empezado a ennegrecer algunas hojas) y un matabichos. Los pagué y salí de la tienda sin un aprendizaje más allá de saber cuánto cuestan esos productos, cómo se aplican (leí la etiqueta claro) y una sensación de desilusión. Quizá, pensándolo bien, el aprendizaje es que la vida no es tan mágica y especial como a veces creemos, a veces la vida es un camino para llegar a otro lado y no un destino en sí misma.
  2. Para aminorar la carga (económica claro, la otra tardará más años de los que quizá yo viva) de la familia Peralta Díaz (la familia de Rubén de quien hablo en el episodio anterior), los amigos (y en verdad me enorgullezco de ser amigo de este grupo de personas generosas, organizadas, solidarias y poderosas) organizamos una rifa de una escultura que fue donada por una persona que prefirió el anonimato. Vendimos todos los boletos, no sin mi agradecimiento y asombro ante la generosidad y solidaridad de la que cientos de personas (literalmente cientos) fueron capaces. El ser humano parece que es mejor de lo que muchos nos habían dicho.

Ahora sí, iniciamos este episodio que tiene dos versiones.

Versión 1

La semana pasada estuve de viaje y dejé a Juni solo. No me enorgullezco de eso, pero así fue. A mi regreso lo vi triste, con las ramas decaídas. Les juro que en verdad parecía que me había extrañado y eso lo había marchitado. Me enternecí y entristecí. Me dediqué a cuidarlo, le hablé, le dije que quería que se recuperara y al poco tiempo Juni, ya conmigo en la casa (está bien pues, depa), recuperó su figura poderosa y erguida. Yo sospechaba que Juni y yo teníamos una conexión muy fuerte, pero nunca me imaginé que a ese grado. Que sabia y hermosas es la naturaleza, todos somos parte de la misma semilla, de la misma energía, de la magia de la vida. Tengo que buscar la manera de no separarme de Juni, eso lo lastima mucho.

Versión 2

La semana pasada estuve de viaje y dejé a Juni solo. Cuando regresé a casa (bueno está bien al depa) Juni se veía bastante decaído, toqué la tierra y estaba seca. Claro había estado 4 días fuera y Juni resintió la ausencia de agua, lo regué y asunto resuelto. Tengo que buscar maneras más seguras para que Juni obtenga agua en mi ausencia.

¿Cuál te gustó más? Quizá la primer versión. El pensamiento mágico es encantador, pero también muy peligroso.

Un martes en su casa mi madre y yo tuvimos una “discusión” (y mira que la adoro) durante la cena, ya que me decía que “gracias a los imanes” mi tío se había curado de un cáncer. Yo le preguntaba que cómo sabía que era eso y no las medicinas, las quimioterapias y la operación donde le extirparon el tumor. Ella me miraba con paciencia de Santo Job y respondió:

– Lo que hacen los imanes es cambiar el PH de la zona donde los aplican y eso lo resiente el tumor y muere. Además, las medicinas son muy perjudiciales, te arreglan una cosa y te descomponen tres.

– ¿Lo que me dices es que saben más de cáncer los de los imanes que los doctores?

– (Aventándome el Santo Job) PUES SÍ. (Su siguiente argumento, el más poderoso y devastador) Además ¿A quién le hace daño? (y agregó) ¡Cuando te pones así me dan ganas de decirte una peladez!

No me mal interpreten, mi madre, una persona sensata e inteligente y creía sinceramente en lo que decía sobre los imanes y eso es lo más preocupante. El pensamiento mágico no es exclusivo de los menos favorecidos intelectualmente, conozco profesionistas exitosos y empresarios que utilizan la homeopatía a pesar de que su principio básico es que “el agua recuerda lo que contuvo” y mientras más diluido sea el principio activo es más “poderoso”. (Nadie se ha podido ganar el millón de dólares que James Randi ha ofrecido a quien compruebe su efectividad).

El pensamiento mágico hace mucho daño, he visto como algunas personas toman decisiones de vida basadas en los horóscopos, las cartas o la lectura de su mano, he visto cómo se han acabado relaciones porque uno de los dos encontró en otra persona a su “alma gemela”, la que estaba destinada por los astros y que tenía todas las señales (sacadas del internet) de que esa persona era la indicada y que finalmente no lo fue. He visto a personas que abandonan su tratamiento por seguir “caminos alternativos” y morir al poco tiempo. Pero quizá el “daño” más profundo sea la desaparición, en la sociedad, del pensamiento crítico. Un joven en bata llega nos dice que nos va a curar con unos imanes, nos pide $400 pesos y se los damos. Creer en estas charlatanerías no está muy alejado de creer que no llueve porque “los dioses” están enojados, que hay una plaga porque no hicimos un sacrificio humano a tiempo, que los pelirrojos nos dan buena suerte y que los albinos mala.

El pensamiento crítico es el que más necesitamos en esta época, su ausencia nos puede llevar a terrenos muy peligrosos, por ejemplo: Llega un político y nos dice que va a regresar el empleo, que va a regresar antiguas glorias y que va a corregir todos los males, con frases como “Voy a acabar con el conflicto en Chiapas en 15 minutos” o “Ya no habrá más gasolinazos” o el más reciente “Voy a acabar con la corrupción”. Nos pide nuestro voto y sin mayor cuestionamiento se lo damos, más inspirados por la esperanza que por la posibilidad.

Otro fenómeno que tiene que ver con la carencia de sentido crítico es el que ha hecho que miles de padres estén dispuestos a poner en peligro la vida de sus hijos porque “escucharon” que las vacunas provocan autismo. Eso lo dijo Andrew Wakefield quien realizó en 1998 un estudio con 12 niños (sí, leíste bien solamente 12) donde encontraba una relación entre las vacunas y el autismo. Al poco tiempo Brian Deer, un periodista del Sunday Times, no se quedó tranquilo con la respuesta que daba este “científico” en tono de “así es me creas o no” y descubrió que la investigación de Wakefield era desastrosamente deficiente, de hecho poco tiempo después, se le prohibió el ejercicio profesional en Reino Unido ya que encontraron muchas irregularidades en su estudio, además del interés que tenía en comercializar su propia vacuna. A pesar de todo esto todavía, casi 20 años después, algunos padres deciden no vacunar a sus hijos y al ser cuestionados, uno de sus argumentos es: “Qué te preocupa si es mi hijo, tu vacuna al tuyo”, una versión más agresiva de “¿A quién le hace daño?”. Yo le respondería:

  1. No solamente es tu hijo, sino es parte de la sociedad y tiene el derecho a ser protegido. Si pones su vida en peligro la sociedad tiene la obligación de intervenir y proteger al menor (En Los Ángeles, CA, la vacunación es obligatoria ya que es un tema de salud pública)
  2. Ha habido un brote de enfermedades que creíamos extintas, extinción generada precisamente gracias a las vacunas
  3. Desde luego que hay un riesgo al vacunarse, se pueden tener reacciones alérgicas u otros efectos colaterales, pero estadísticamente hablando este riesgo es mucho menor que el riesgo que representa no vacunarse. La humanidad ha aumentado dramáticamente la sobrevida de los niños, la longevidad, la salud en general y esto es en gran medida gracias a las vacunas.

Lo más peligroso de la falta de sentido crítico es que creeremos ciegamente en lo que nos digan. Si creemos en el poder curativo de “los imanes”, por qué no creeremos en que alguien acabará con todos los males del mundo, mientras nosotros ni siquiera preguntamos: “Disculpe señor, ¿Cómo piensa hacerlo?”

Además, es más sencillo encontrar maneras de que a Juni no le falte el agua que evitar que Juni me extrañe.

Aprendizajes:

Aprendizaje 1

La falta de pensamiento crítico nos deja en la posición más vulnerable y dependiente que hay. Ese es el gran riesgo.

Aprendizaje 2

Esa fue la última vez que cené con mi madre. Desde entonces he pensado que quizá debí haber aprovechado ese tiempo para decirle lo mucho que la amaba en lugar de haber hecho ese pedante aleccionamiento. Creo que debo desaprovechar a veces algunas de las oportunidades que se presenten para tener la razón.

 

Aún te extraño Tichis, extraño las cenas en las que discutíamos tonterías, a veces por el solo hecho de hacerte decir una peladez.

 

Episodio 8: Hola, yo soy Juni