Hola, yo soy Juni.

Soy un árbol. Últimamente no me he sentido bien. Me salieron unas manchas negras en las hojas. Al ver esto, el humano me roció con un líquido que terminó empeorando todo. Me sofocaba. Casi muero. El humano finalmente me lavó las ramas. Me regó. Yo tenía mucha hambre. El humano fertilizó la tierra. Ahora siento que regreso poco a poco. Puedo sentir pequeños retoños en las puntas de mis ramas.

Desde el lugar donde estoy veo árboles a mi alrededor, son muy altos. Pienso que, a pesar de ser básicamente iguales a mí, no creo nunca llegar tan alto. Yo, seguramente, tengo otra misión.

El humano, varias veces, se acerca y hace ruidos que no entiendo pero me gustan.

Llegó otro humano, con los cabellos largos y rizados. Nunca había visto al humano que me da agua tan contento. Quizá deba yo hablar sobre ellos. Los envidio. Imagino que yo también me muevo y me uno a sus abrazos. El humano de largos cabellos se parece al otro. El humano lee algo sobre mí que él escribió. Ambos ríen, el también llora.

El viento me arrulla suavemente. Se siente bien. El atardecer enrojece todo, el amanecer también. En la mañana el sol me abraza. En la tarde la lluvia me alimenta. En la noche sueño que soy un humano, que entiendo los ruidos que hacen los otros humanos, que puedo moverme, que puedo reír y llorar al mismo tiempo, que tengo brazos y que con ellos puedo rodear a otros humanos. Que entiendo claramente cuál es mi misión. Que al igual que los humanos dudo si lo que está pasando es un sueño o no. Sueño que soy enorme y que los otros, también humanos como yo, me conoce como El GRAN Juni.

Sueño que siento, que pienso, que puedo hablar, que puedo escribir. En ese sueño hablo contigo y te digo: Hola, yo soy Juni.