Y Dios dijo: Háganse los ciclos y los ciclos se hicieron. Y Dios vio que estaba bien y entonces dijo: Que se hagan otra vez.

Buenas noticias, (o por lo menos eso creía hasta ayer) Juni se ha recuperado. No fui con el criador, (Sentí que eso era como bajar la ventanilla del carro y pedirle a un transeúnte direcciones para llegar a tal o cual lado, y eso no lo hacemos los hombres que nos respetamos. Bendito Waze.) simplemente escuché la voz de la esposa (bendita sea) de mi padre que cuando lo vio dijo: “Quizá haga mucho frío en la noche”. Desde luego que en cuanto la escuché puse cara de “claro que no, pfff”, quien va a saber más acerca de Juni que yo. Después de este golpe de ego (Nota mental: Humildad para aprender) tuve tiempo para reflexionar y para recordar las palabras del criador:

“Cuándo sea mucho viento o mucha lluvia para ti (ya me tuteaba), también lo será para el bonsái, entonces lo metes.”

Me imagino que lo mismo aplicará en el caso del frío y si bien, estoy consciente de que los chilangos nos quejamos amargamente del frío apenas llegamos a los 12 grados centígrados, (la otra vez pude detenerme antes de quejarme del clima de la ciudad de México en frente de un regiomontano) sinceramente no podría dormir a la intemperie en estas fechas, así que decidí meterlo a la casa (bueno depa) en las noches y como magia asunto resuelto, o por lo menos eso pensé y me explico: Juni está radiante, más verde que dorado por falta de sol en su ventana (recuerda que es un Junípero Oro Viejo y debe estar algo amarillo) pero con muchos retoños, está frondoso y creciendo. Ayer vi en un canal de youtube a David, de escuela de Bonsái OnLine (Lo sé, lo sé, me estoy volviendo obsesivo, pero me entretiene mucho este canal) y su comentario me hizo sentido. David decía que los árboles necesitaban tener un letargo para cargarse de energía durante el invierno y estar fuertes en verano, que el letargo en invierno les aseguraba no “desgastarse”. Que si un árbol no tenía sus letargos invernales, en pocos años se agotaría y moriría. Así que pensé: Quizá no es tan buena idea que Juni esté rebosando ahora en invierno cuando debería estar menos hermoso de lo que está, quizá por eso hay ciclos en la naturaleza. Y luego, con un sudor frío que me recorrió la espalda me pregunté: ¿No estaré queriendo estar siempre rebosando, con retoños y radiante? ¿Me estoy dando tiempo para retomar energías y así respetar los ciclos? A veces me dan ganas acostarme en la cama, de hacerme “bolita” y rodar… pero no me doy permiso de hacerlo.

La hija de una querida amiga tiene serios problemas con sus riñones. Me dan muchas ganas de orar… pero no me doy permiso de hacerlo.

Murió Emilio. A veces me dan ganas de llorar… pero no me doy permiso de hacerlo.

A veces me dan muchas ganas de escribir, que a veces me dan ganas de acostarme en la cama, de hacerme “bolita” y rodar… y me doy permiso de hacerlo. Inicia otro ciclo.

A veces me dan muchas ganas de pelearme con alguien… y lo logro con todo éxito.

Aprendizajes:

No hay manera de darme gusto, si Juni está malo, malo, si está bien, malo. Caray.

Llegué a pensar que Juni moriría y mi reacción fue de total desprendimiento. Así son los ciclos. Que miedo.

A pesar de todo hoy me siento mejor que hace meses. No me sentía tan bien desde el 14 de enero. Quizá por eso me he tardado tanto en publicar nuevamente.

Me tomaré unos días de vacaciones para cargarme de energía en invierno.

Termina un año más, quizá el más complicado de mi vida. Pero quizá nunca antes he iniciado un año con tanta ilusión por lo que vendrá. ¡Que inicie un nuevo ciclo!